
Acerca del compositor Carlos Satué y sus Músicas Extremas.
Nacido en Fabara (Zaragoza, 1958), Carlos Satué pertenece a los compositores rara avis que llevan una doble profesión, compaginando desde hace años su trabajo en el Dpto. de Neurología del Hospital Clínico Universitario de Zaragoza con su faceta como compositor, circunstancia que le permite una total libertad para mantener un riguroso compromiso estético como continuador de la línea de pensamiento que Francisco Guerrero dejara en él aquél ya lejano primer encuentro veraniego en el Madrid de 1985. Compositor “out” en festivales y programación musical habitual de nuestro país, sin embargo, el pasado año 2007 se reveló intenso en su agenda, con cuatro estrenos absolutos, además de la publicación de diversos artículos y la realización de cursos y conferencias.
El saxofonista Josetxo Silguero le realizó una entrevista en el mes de diciembre de 2007, la cual fue publicada en el nº 7 de la revista "VIENTO", entrevista que reproducimos parcialmente a continuación:
Josetxo Silguero.- Nada menos que cuatro estrenos absolutos realizados en 2007. La verdad es que no es nada habitual semejante coincidencia. Coméntanos un poco cómo han ido dichos estrenos, y en qué ciclos, festivales y circunstancias se han desarrollado.
Carlos Satué.- En general todos los estrenos han sido de grandísimo nivel interpretativo y muy enriquecedores a nivel personal. “Líneas de fuerza”, obra escrita para gran orquesta en el año 2003, fue premiada por la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas en el 2005, galardón que asegura la interpretación de dicha obra por la mayoría de las Orquestas Sinfónicas existentes en España. Fue estrenada, bajo la dirección de James Judd, por la Orquesta Sinfónica de Galicia en Santiago de Compostela el pasado 15 de febrero de 2007, interpretándose magníficamente un día más tarde en La Coruña. “El viajero mudo”, para violín solo, es una obra más antigua, data de 1996, y fue estrenada por el violinista mexicano Ludwig Carrasco en las X Jornadas de Música Contemporánea de Córdoba, el pasado mes de abril.“Laberinto de la noche”, escrita en el año 2006, fue encargada por el CDMC de Madrid para el XXIII Festival Internacional de Música de Alicante del presente año. Es un concierto para saxofones (barítono,alto, tenor y soprano), gran ensemble (16 músicos) y dispositivo electroacústico en el entorno de MAX-MSP. El estreno tuvo lugar en el teatro Arniches de Alicante el pasado 27 de septiembre de este año, siendo tú el solista interpretando los cuatro saxofones sucesivamente además de tener que llevar el control del patch de electroacústica junto a la orquesta Enigma de Zaragoza, bajo la dirección de Juan José Olives y Alfonso García de la Torre y Juan Andrés Beato en el apoyo del dispositivo electroacústico, con la aportación técnica del LIEM de Madrid. Finalmente “En los extremos”, obra para dos pianos, dos percusionistas y dispositivo electroacústico en el entorno de MAX-MSP tuvo su estreno el 15 de noviembrede 2007 en el IV Festival Internacional de Música “Carmelo Bernaola” de Vitoria, dentro del programa “Música y Matemáticas” dedicado a Francisco Guerrero y Miguel Ángel Guillén. Fue llevado a cabo por el Ensemble Espacio Sinkro bajo la dirección de Nacho de Paz, con Alfonso García de la Torre y yo mismo en el control del dispositivo electroacústico. Esta obra también data de hace unos años (1999), aunque ha sido revisada este 2007 con motivo de su estreno.
J. S.- Además de tu faceta creativa, coordinas junto al también compositor Carlos Frías un grupo de investigación y trabajo en el que diseñáis vuestro propio software como herramienta de ayuda a la composición musical. Rápidamente vuestra labor de búsqueda y trabajo me hace pensar en la relación que también mantuvieron el compositor Francisco Guerrero y el ingeniero informático Miguel Ángel Guillén, ambos personas de intensa e interesante vida, yo diría que ya convertidos en mitos no sólo por sus creaciones sino por su inoportuna temprana muerte. Conociste bien a Paco Guerrero al ser su alumno, relación que posteriormente se transformó en una profunda amistad. Más tarde también trabaste amistad con Miguel Ángel Guillén, a la vez que tomabas como alumno tuyo a Carlos Frías. Sería muy interesante que nos contaras cómo surge, tanto tu encuentro con Guerrero, como la idea de colaboración con Frías, tu interés por la investigación y diseño de un nuevo software, los paralelismos o diferencias de vuestro trabajo respecto al tamden Guerrero-Guillén…
C. S.- Yo comencé con la guitarra y con el rock. Hendrix, Who, Pink Floyd, Jethro Tull, Genesis… me apasionaban. Pronto quemé esa etapa y descubrí el jazz; sobre todo un disco cambió mi rumbo, el Lp “Extrapolation” de John McLaughlin. En esa época me encantaba el jazz fussion, posteriormente descubrí a Corea, Miles Davis, el jazz europeo con Jan Garbarek (recuerdo el sello ECM), a los clásicos del jazz y a los más vanguardistas, y llegué a la música contemporánea a través del jazz moderno. Posteriormente estudié guitarra clásica, probé también con el flamenco. Como ves, iba de aquí para allá sin ningún rumbo fijo, un poco desastroso. Aunque con el paso del tiempo muchas de estas cosan han sido claves en mi posterior música. Desde el principio siempre intentaba escribir lo que iba interpretando hasta que llegó un momento que fui incapaz de tocar lo que había escrito. Pero entonces vi claro por dónde debía ir. Cada vez me interesaba menos el instrumento y más la propia música. Recuerdo el conservatorio con una cierta nostalgia y a la vez con un cierto horror, pues era penoso en aquella época. Casi todos los estudiantes eran pianistas y desde luego apenas había nadie interesado en la música contemporánea. Nada que ver, afortunadamente, con lo que existe hoy en día. Estudié guitarra clásica, armonía, contrapunto… aquello no terminaba nunca, y nunca llegaba la música del siglo XX. Tuve la suerte de contactar en un curso de música barroca con Jorge Fresno (guitarrista barroco que en tiempos había tocado contemporánea y conocía a Francisco Guerrero). Yo le toqué algo mío y cuando lo oyó dijo “tu tienes que estudiar con Francisco Guerrero, él es el indicado para ti”. A continuación me dio su teléfono y contacté con él. Meses más tarde (pues Paco se ausentó durante un tiempo a Canarias para trabajar una pieza con la ayuda de ordenadores de un departamento de la Universidad de las Palmas, creo recordar) ya trabajaba con él en Madrid. Cuando oí su música por primera vez no sabía si me había gustado o no, pues no había oído nunca nada igual; sólo me percaté de que la fuerza que tenía aquello era absolutamente nueva para mí. Poco tiempo después estaba escribiendo mi primer cuarteto de cuerda…
J. S.- Bueno Carlos, si te parece bien, centrémonos ahora en tu relación con el saxofón en tu parcours creativo. Antes de llegar a la escritura de tu concierto para saxofón(s) “Laberinto de la noche”, encontramos ya en tu catálogo varias obras en las que interviene este instrumento, bien a solo, como integrante en formaciones de cámara, o acompañado de dispositivos electroacústicos. Creo, incluso, que todavía tienes una obra para saxofón soprano solo sin estrenar, además de estar ya elaborando una nueva obra de cámara donde utilizas el saxofón barítono y el tenor. ¿Cómo ha sido tu acercamiento progresivo a este instrumento? ¿Por qué tu decisión de incluirlo en formaciones de cámara, y no en formaciones sinfónicas?.
C. S.- Tengo alguna obra sinfónica donde incluyo un grupo de saxofones, como la pieza “Hacia la luz”, aunque no ha sido estrenada (ya tiene algunos años). Mi relación con el saxofón ha sido extraña, a temporadas he sentido un gran amor por el instrumento y otras indiferencia (nunca odio ni otra clase de sentimiento negativo). Cuando tocaba jazz, el saxofón era un solista magnífico. Si recordamos el disco clave que cité al comienzo, se trata de un cuarteto de contrabajo, batería, guitarra y John Surman a los saxofones. Con mi acercamiento a la música contemporánea dejé de lado este instrumento, pues rápidamente aparecían en mi mente sonoridades que acababa de dejar en el pasado. Con posterioridad, alguna obra de Berio me animó a ver cómo se comportaba este instrumento en el ámbito de la música contemporánea. Pero fue cuando Francisco Guerrero escribió “Rhea”(obra escrita para el Ensemble Internacional de Saxofones de Bordeaux, dirigido por Jean-Marie Londeix) y oí el resultado por los saxofonistas de Burdeos que me quede“pasmado”. Parecía música electroacústica pero interpretada con instrumentos acústicos. Sobre todo al principio me llamó poderosamente la atención los multifónicos tan ricos de este instrumento (citemos el monumental trabajo de investigación y publicación de Daniel Kientzy sobre los multifónicos). Con posterioridad fui descubriendo delicados matices pianissimos, subtones, poderosos slaps, y sobre todo una brillantísima agilidad en sus graves para nada perezosos, como puede ocurrir en instrumentos de esa tesitura. Con posterioridad descubrílo lo bien que funciona en coadyuvancia con otras maderas (sobre todo en la música de Alberto Posadas). Desconozco qué encontraré en el futuro…
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Dejemos aquí a Carlos Satué. Para leer la entrevista completa accede aquí
Nacido en Fabara (Zaragoza, 1958), Carlos Satué pertenece a los compositores rara avis que llevan una doble profesión, compaginando desde hace años su trabajo en el Dpto. de Neurología del Hospital Clínico Universitario de Zaragoza con su faceta como compositor, circunstancia que le permite una total libertad para mantener un riguroso compromiso estético como continuador de la línea de pensamiento que Francisco Guerrero dejara en él aquél ya lejano primer encuentro veraniego en el Madrid de 1985. Compositor “out” en festivales y programación musical habitual de nuestro país, sin embargo, el pasado año 2007 se reveló intenso en su agenda, con cuatro estrenos absolutos, además de la publicación de diversos artículos y la realización de cursos y conferencias.
El saxofonista Josetxo Silguero le realizó una entrevista en el mes de diciembre de 2007, la cual fue publicada en el nº 7 de la revista "VIENTO", entrevista que reproducimos parcialmente a continuación:
Josetxo Silguero.- Nada menos que cuatro estrenos absolutos realizados en 2007. La verdad es que no es nada habitual semejante coincidencia. Coméntanos un poco cómo han ido dichos estrenos, y en qué ciclos, festivales y circunstancias se han desarrollado.
Carlos Satué.- En general todos los estrenos han sido de grandísimo nivel interpretativo y muy enriquecedores a nivel personal. “Líneas de fuerza”, obra escrita para gran orquesta en el año 2003, fue premiada por la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas en el 2005, galardón que asegura la interpretación de dicha obra por la mayoría de las Orquestas Sinfónicas existentes en España. Fue estrenada, bajo la dirección de James Judd, por la Orquesta Sinfónica de Galicia en Santiago de Compostela el pasado 15 de febrero de 2007, interpretándose magníficamente un día más tarde en La Coruña. “El viajero mudo”, para violín solo, es una obra más antigua, data de 1996, y fue estrenada por el violinista mexicano Ludwig Carrasco en las X Jornadas de Música Contemporánea de Córdoba, el pasado mes de abril.“Laberinto de la noche”, escrita en el año 2006, fue encargada por el CDMC de Madrid para el XXIII Festival Internacional de Música de Alicante del presente año. Es un concierto para saxofones (barítono,alto, tenor y soprano), gran ensemble (16 músicos) y dispositivo electroacústico en el entorno de MAX-MSP. El estreno tuvo lugar en el teatro Arniches de Alicante el pasado 27 de septiembre de este año, siendo tú el solista interpretando los cuatro saxofones sucesivamente además de tener que llevar el control del patch de electroacústica junto a la orquesta Enigma de Zaragoza, bajo la dirección de Juan José Olives y Alfonso García de la Torre y Juan Andrés Beato en el apoyo del dispositivo electroacústico, con la aportación técnica del LIEM de Madrid. Finalmente “En los extremos”, obra para dos pianos, dos percusionistas y dispositivo electroacústico en el entorno de MAX-MSP tuvo su estreno el 15 de noviembrede 2007 en el IV Festival Internacional de Música “Carmelo Bernaola” de Vitoria, dentro del programa “Música y Matemáticas” dedicado a Francisco Guerrero y Miguel Ángel Guillén. Fue llevado a cabo por el Ensemble Espacio Sinkro bajo la dirección de Nacho de Paz, con Alfonso García de la Torre y yo mismo en el control del dispositivo electroacústico. Esta obra también data de hace unos años (1999), aunque ha sido revisada este 2007 con motivo de su estreno.
J. S.- Además de tu faceta creativa, coordinas junto al también compositor Carlos Frías un grupo de investigación y trabajo en el que diseñáis vuestro propio software como herramienta de ayuda a la composición musical. Rápidamente vuestra labor de búsqueda y trabajo me hace pensar en la relación que también mantuvieron el compositor Francisco Guerrero y el ingeniero informático Miguel Ángel Guillén, ambos personas de intensa e interesante vida, yo diría que ya convertidos en mitos no sólo por sus creaciones sino por su inoportuna temprana muerte. Conociste bien a Paco Guerrero al ser su alumno, relación que posteriormente se transformó en una profunda amistad. Más tarde también trabaste amistad con Miguel Ángel Guillén, a la vez que tomabas como alumno tuyo a Carlos Frías. Sería muy interesante que nos contaras cómo surge, tanto tu encuentro con Guerrero, como la idea de colaboración con Frías, tu interés por la investigación y diseño de un nuevo software, los paralelismos o diferencias de vuestro trabajo respecto al tamden Guerrero-Guillén…
C. S.- Yo comencé con la guitarra y con el rock. Hendrix, Who, Pink Floyd, Jethro Tull, Genesis… me apasionaban. Pronto quemé esa etapa y descubrí el jazz; sobre todo un disco cambió mi rumbo, el Lp “Extrapolation” de John McLaughlin. En esa época me encantaba el jazz fussion, posteriormente descubrí a Corea, Miles Davis, el jazz europeo con Jan Garbarek (recuerdo el sello ECM), a los clásicos del jazz y a los más vanguardistas, y llegué a la música contemporánea a través del jazz moderno. Posteriormente estudié guitarra clásica, probé también con el flamenco. Como ves, iba de aquí para allá sin ningún rumbo fijo, un poco desastroso. Aunque con el paso del tiempo muchas de estas cosan han sido claves en mi posterior música. Desde el principio siempre intentaba escribir lo que iba interpretando hasta que llegó un momento que fui incapaz de tocar lo que había escrito. Pero entonces vi claro por dónde debía ir. Cada vez me interesaba menos el instrumento y más la propia música. Recuerdo el conservatorio con una cierta nostalgia y a la vez con un cierto horror, pues era penoso en aquella época. Casi todos los estudiantes eran pianistas y desde luego apenas había nadie interesado en la música contemporánea. Nada que ver, afortunadamente, con lo que existe hoy en día. Estudié guitarra clásica, armonía, contrapunto… aquello no terminaba nunca, y nunca llegaba la música del siglo XX. Tuve la suerte de contactar en un curso de música barroca con Jorge Fresno (guitarrista barroco que en tiempos había tocado contemporánea y conocía a Francisco Guerrero). Yo le toqué algo mío y cuando lo oyó dijo “tu tienes que estudiar con Francisco Guerrero, él es el indicado para ti”. A continuación me dio su teléfono y contacté con él. Meses más tarde (pues Paco se ausentó durante un tiempo a Canarias para trabajar una pieza con la ayuda de ordenadores de un departamento de la Universidad de las Palmas, creo recordar) ya trabajaba con él en Madrid. Cuando oí su música por primera vez no sabía si me había gustado o no, pues no había oído nunca nada igual; sólo me percaté de que la fuerza que tenía aquello era absolutamente nueva para mí. Poco tiempo después estaba escribiendo mi primer cuarteto de cuerda…
J. S.- Bueno Carlos, si te parece bien, centrémonos ahora en tu relación con el saxofón en tu parcours creativo. Antes de llegar a la escritura de tu concierto para saxofón(s) “Laberinto de la noche”, encontramos ya en tu catálogo varias obras en las que interviene este instrumento, bien a solo, como integrante en formaciones de cámara, o acompañado de dispositivos electroacústicos. Creo, incluso, que todavía tienes una obra para saxofón soprano solo sin estrenar, además de estar ya elaborando una nueva obra de cámara donde utilizas el saxofón barítono y el tenor. ¿Cómo ha sido tu acercamiento progresivo a este instrumento? ¿Por qué tu decisión de incluirlo en formaciones de cámara, y no en formaciones sinfónicas?.
C. S.- Tengo alguna obra sinfónica donde incluyo un grupo de saxofones, como la pieza “Hacia la luz”, aunque no ha sido estrenada (ya tiene algunos años). Mi relación con el saxofón ha sido extraña, a temporadas he sentido un gran amor por el instrumento y otras indiferencia (nunca odio ni otra clase de sentimiento negativo). Cuando tocaba jazz, el saxofón era un solista magnífico. Si recordamos el disco clave que cité al comienzo, se trata de un cuarteto de contrabajo, batería, guitarra y John Surman a los saxofones. Con mi acercamiento a la música contemporánea dejé de lado este instrumento, pues rápidamente aparecían en mi mente sonoridades que acababa de dejar en el pasado. Con posterioridad, alguna obra de Berio me animó a ver cómo se comportaba este instrumento en el ámbito de la música contemporánea. Pero fue cuando Francisco Guerrero escribió “Rhea”(obra escrita para el Ensemble Internacional de Saxofones de Bordeaux, dirigido por Jean-Marie Londeix) y oí el resultado por los saxofonistas de Burdeos que me quede“pasmado”. Parecía música electroacústica pero interpretada con instrumentos acústicos. Sobre todo al principio me llamó poderosamente la atención los multifónicos tan ricos de este instrumento (citemos el monumental trabajo de investigación y publicación de Daniel Kientzy sobre los multifónicos). Con posterioridad fui descubriendo delicados matices pianissimos, subtones, poderosos slaps, y sobre todo una brillantísima agilidad en sus graves para nada perezosos, como puede ocurrir en instrumentos de esa tesitura. Con posterioridad descubrílo lo bien que funciona en coadyuvancia con otras maderas (sobre todo en la música de Alberto Posadas). Desconozco qué encontraré en el futuro…
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